Y ya que pintó el día cocacolero, después de una amenaza sin precedentes a los señores comerciantes para que bajen el precio de la Coca-Cola (que me vienen con los cortes de ruta del campo… ¡ESTO es presión!), y de deschavar las verdades y mentiras de la Coca-Cola Zero, vamos a hacerla completa.

Si llego a ceder ante la presión de la Coca-Cola y vuelvo a tomar, ya que la voy a pagar carísimo y encima no me va a ayudar en nada al cuerpo, por lo menos quiero ésta heladerita…

Y si lo pensás bien, si no llego a ceder, por lo menos la quiero para poner mis cartoncitos de baggio a enfriar. O mis yogurisimos. O mis botellitas de agua. O lo que sea que toma la gente que no se arruina el estómago por (por ahora) $6,25…

Entre ésto y alguna otra «chuchería» que encuentre copada en la Coca-Cola Store (que ya recomendé hace mucho), estoy satisfecho.

Sin dudas, ésto y el sillón placentero van a ir a mi futuro departamento. Y voy a seguir acumulando cosas.

Ahora me falta el departamento.