Al carajo el que te hace sentir que no valés la pena, que no sos suficiente, o que no tenés lo que hace falta.

Al carajo el que te dice que ese sueño te queda demasiado grande, que esa carrera no es para personas como vos, o que ese tipo de metas se los pone otro tipo de gente, que vos estás para cosas «más realistas«.

Al carajo el que no te deja brillar con tu propio brillo y te quiere amoldar al suyo. O peor: que te quiere amoldar al de todos los demás. Al que se usa. Al que es «normal».

Al carajo lo que «deberías» estar haciendo o lo que «debería» estar pasando «en esta etapa de tu vida«, o lo que «deberías» estar buscando.

Al carajo el que te quiere llevar a su ritmo o el que te quiere cambiar para «aceptarte como sos».

Al carajo esos kilitos «de más», esos centímetros «de menos», o esa sonrisa que «no es perfecta».

Al carajo el que se burla de vos por ser diferente, el que se cree más que alguien, o el que te hace sentir mal porque cree que su manera de ver el mundo es LA UNICA manera posible y acertada de verlo.

Al carajo los «días de» que te hacen sentir sol@, las canciones de amor que te hacen llorar, las películas de Disney que te hacen aspirar a un principe imposible y las de Hollywood que te hacen esperar modelos de plástico.

Al carajo el que está pensando «a quién se comió este pibe y quién se piensa que es para estar mandando al carajo a todos«. Es más: Al carajo doble ese. Gil.

Y al carajo nosotros mismos (vos y yo) mientras no entendamos que va a ser recién en el momento en el que mandemos al carajo la opinión de todos y nos preocupemos por conocernos, amarnos, cuidarnos, valorarnos, respetarnos y apoyarnos a nosotros mismos como nos merecemos, recién ahí, que vamos a empezar a disfrutar la vida en serio.

(Y sí, sonaba mejor en inglés: «fuck» esto y «fuck» lo otro. Pero al carajo el inglés también.)