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Categoría: Reflexiones en voz alta

¿Sirve «cancelar personas»? ¿Para qué?

La buena de Sarah Silverman empezó un podcast en el que habla temas interesantes sobre la vida, la comedia, la política, la cultura, y demás asuntos interesantes.

Gracias a Observando (el newsletter de Axel Marazzi) llegué hasta este pedacito de video en el que habla de la «cultura de la cancelación» (está con subtítulos en inglés, por si sirve):

La pregunta: ¿Qué buscamos cuando encontramos motivos y «cancelamos» a alguien? ¿Que aprenda, que muera, que pague las consecuencias, que pierda vínculos incluso con quienes lo/la hacen mejor persona? ¿Es un castigo o qué es?

Yo encuentro un tweet viejo de una persona (que sí, dice algo que es a todas luces reprobable), lo traigo a la actualidad, lo expongo ante el juicio popular, ¿y busco qué? Si busco prohibir a la persona, o dejarla de aceptar en mi grupo (de gente, de trabajo, político, etc), esa persona va a necesitar un lugar en el que sentirse aceptado/a. Porque así somos: seres relacionales, que viven en comunidad y la necesitan en mayor o menor medida para su desarrollo.

Y el problema es que el grupo que sí lo acepte, es muy probable que sea un grupo… de pensamientos complicados. Y si «los buenos» me rechazaron, y «los malos» me quieren… ahora por ahí yo también soy malo. Y como ellos estuvieron para mi cuando nadie estaba, ahora le soy leal a los malos. Y me radicalizo en las ideas de los malos. Y así estamos, básicamente.

Está bien (y es más necesario que nunca) repudiar las cosas que están mal. Los pensamientos, los actos, los abusos, acosos, y demás comportamientos. Está bien no tragarse más algunas cosas que está mal que nos traguemos (como víctimas o como sociedad en general), pero el problema hoy está siendo el enfoque de ese repudio. Porque nos tragamos tanto tiempo algunas cosas, que estamos respondiendo con odio.

En general, el que «sale vivo» de una cancelada general es el (o la) que tuvo una buena estrategia de comunicación. Ni la mejor persona, ni la más arrepentida, ni la más consciente de sus actos, sino la que supo surfear la ola. Es el que armó una estrategia de relaciones públicas.

Como en general son temas subjetivos, en algunos casos me resulta más fácil tener un enfoque de redención y reparación, y en algunos casos me resulta imposible. Pero está claro que ahora mismo, este método nos está funcionando así: mal. Estamos cancelando gente (siendo jueces), y con eso al final ayudando a radicalizar pensamientos complicados para la vida en sociedad.

Por ahí haya que buscar otro enfoque.

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5 personas vs un millonario

El partido laborista británico lanzó un spot de 3 minutos en el que grafica (bastante claramente) por qué conviene que la plata vuelva al pueblo (y que se siga moviendo dentro del pueblo) y no vaya a los billonarios.

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Esclavos de día y señores feudales de noche (de Rappi, Glovo y PedidosYa)

Pau Rodilla es un director de arte en una agencia de publicidad de Valencia. Tiene 31 años y hace unos meses dirigió su primer cortometraje: «¡Hola, buenas noches!«.

Todo el corto nace en una premisa que dice algo así como que «Trabajamos más para ganar dinero que nos permita pagar servicios que nos ayuden a ahorrar el tiempo que no tenemos porque estamos trabajando«.

Eso mismo nace (junto con la historia que muestra el corto) de una nota publicada en un blog del diario El Confidencial: «Pedir un cubata por Amazon o por qué pagas para que alguien viva aún peor que tú«.

Recomiendo ver el corto y leer la nota. A mi al menos me dejaron pensando un rato.

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Nadie sabe el Messi que tiene hasta que lo pierde

No, no es una carta a Messi, ni un video llorando, ni un «emotivo mensaje», ni un periodista o una marca queriendo sacar ventaja de la situación. No le compartas esto a nadie, esta vez no es necesario y no me interesa. Pero si sos argentino, pensá conmigo un segundo a ver si por ahí digo algo que tiene sentido.

Los hechos: Messi juega en la Selección Argentina, el 95% de las veces juega bien o increíblemente bien, se luce, bate récords, los resultados del equipo no salen como queríamos, y todos lo matamos a Messi.

Juega, juega bien, hace goles imposibles, a veces juega sólo, no ganamos como queríamos (a veces por un palo, por un mano a mano de otro que no entró, un árbitro impresentable -desde el pelado Lopes en 2016 hasta el penal de Codesal en Italia 90-, o por la rifa más injusta del fútbol: los penales), y todos lo matamos a Messi.

Lo matamos porque estamos acostumbrado a tenerlo. Porque creemos que esto es la normalidad, la rutina. Que todos tienen lo que nosotros tenemos.

Cuando creímos que después de Maradona no iba aparecer otro igual, aparece otro tipo que es de otro planeta, y otra vez es nuestro. Y todos lo admiran, en el mundo lo reconocen, se compran su camiseta, lo comparan con sus máximos ídolos, con dioses, y otra vez lo tenemos nosotros. Así que debe ser lo normal.

Lo matamos porque no lo valoramos. Como cuando no valorás a una pareja porque das por sentado todo lo que es, todo lo que hace, y que encima de eso, te ame a vos. «Deben ser todos así».

Nosotros, que como país hace décadas que odiamos lo que votamos, que nos quejamos de todo, que no podemos festejar en el Obelisco sin romperlo todo, que no tenemos lo que queremos, que miramos con envidia bananera al 50% del mundo, y que no podemos ni discutir de política en una mesa de amigos sin terminar a las puteadas.

Somos nosotros los que decimos que Messi no es lo suficientemente bueno para nosotros, que no está a la altura de nuestra historia, que le falta algo para ser alguien (personalidad, liderazgo, ganar algo, ser un poco más rebelde).

Nosotros decimos eso de un hombre que hace estas cosas:

Hace un tiro libre como ese y nos quejamos de que lo hace contra Estados Unidos, pero no contra Alemania en una final. O que no es como uno que una vez hizo Maradona. O que para qué queremos ese gol si después no va a jugar y ganar todas las finales él solo (a veces incluso a pesar de algunos de sus compañeros). Hace ese tiro libre inolvidable, y otra vez, igual, todos lo matamos a Messi.

Hasta que un día se hincha las pelotas. De perder, de que no alcance, de que le cobren boludeces, de que digan boludeces. Se hincha las pelotas, como se hinchan las pelotas (enojados y frustrados) los más grandes:

Y cuando se va, cuando por fin hace un uso sano de esa personalidad que le estábamos pidiendo (mandándonos al carajo), empezamos con el melodrama exagerado. Y le hacemos cartas, filmamos a nuestros hijos llorar, twitteamos, ponemos carteles, nos emocionamos, sufrimos.

Yo espero que Messi vuelva, sí. Con él adentro quiero quemar ahorros y viajar a verlo otra vez en Rusia. Con él afuera por culpa de lo que somos (porque pobrecito el que crea que sólo somos así con el fútbol), prefiero gastarme esa plata en otra cosa.

Le quemamos la cabeza a Palacio o a Higuaín por un mano a mano que resuelven (mal) en cuestión de segundos en finales cargadas de nervios (sí, comparto todas las puteadas), y después, pegadito y al unísono, quemamos ídolos históricos a las puteadas (era por abajo, Argentina).

A esta altura, yo también me iría. Yo tampoco querría ser ídolo nuestro.

Hoy es muy lindo todo con el #NoTeVayasLio. En serio, me encantan los carteles, las cartas, los videos, las playlists. Muy lindo todo. Y sí, ahora sigamos así hasta convencerlo de que vuelva. Pero la próxima vez dejémonos de hinchar las pelotas y acordémonos de valorarlo y de disfrutarlo a tiempo.

Como los hinchas irlandeses a Will Grigg:

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La policía inglesa explica el consentimiento en el sexo con té

Sexo sin consentimiento es violación

En plena época de esparcimiento del #NiUnaMenos y de la concienciación de lo que implica un abuso, una violación, un maltrato, o el sólo hecho de sobrepasar algún tipo de límite en una relación entre dos personas, me encontré este video simple pero genial de la policía de Thames Valley (en el Reino Unido).

La idea está buenísima: explicar de una manera bastante inglesa qué es el consentimiento en el sexo. Tan inglés todo que lo comparan con hacerle un té a alguien.

La consigna de la campaña es “El consentimiento lo es todo“, porque (aunque sea obvio está claro que es necesario decirlo) “El sexo sin consentimiento es violación“.

El video se llama «Tea and consent» (2.5 millones de vistas en YouTube y otros 3.5 millones en Vimeo), y tiene subtítulos en español (activándolos abajo a la derecha).

La consigna de la campaña es «El consentimiento lo es todo«, porque (aunque sea obvio está claro que es necesario decirlo) «El sexo sin consentimiento es violación«.

Tienen una web llamada «Consent is everything» que tira buenos datos (ejemplo: el 92% de las víctimas de violaciones denunciadas son mujeres y el 8% son hombres, y la mayoría de las violaciones se dan entre gente que se conoce de alguna manera), mitos y consejos sobre el consentimiento en las relaciones sexuales.

Me gustó que es simple, didáctico, con un tono divertido, y deja el mensaje bien claro. Está bueno que surjan estas cosas. Y cuando surgen, está bueno compartirlas. 🙂

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