En realidad no es sobre los prejuicios en sí, sino sobre lo comunes que son hoy en día. Son «moneda corriente», diría alguno que hace poco aprendió la expresión. Y mezclados con los encasillamientos son un «coctel explosivo», diría ese mismo que pareciera que hoy está con todas las pilas puestas.

Creo tener un posible disparador de esos prejuicios. Obviamente que no sé si alcanzará a todas las personas, no sé si será EL VERDADERO Y UNICO motivo, pero puede que sea uno.

Y se me vino a la cabeza recién, recorriendo blogs. La idea era conocer blogs nuevos. Lo empecé a hacer recién viendo los «recomendados» de Google Reader.

Empecé a visitar los que me recomendaba y, con varios abiertos a la vez, iba pasando entre páginas, entre artículos, revisando, guardando, descartando y demás.

En cuestión de segundos, ¿cómo hago para guardar o descartar un blog?. Una simple cuestión de prejuicios, atentos como perros en mansión de Burns.

Cuando éste tiene un diseño que no me gusta para nada, y encima el primer post que relojeo (porque a eso no se le puede decir «leo») no me gustó, lo descarto. Ni hablar de que revisé por arriba como mucho una página de ese blog. Solo algunos post. Por ahí el pibe había tenido una mala semana y no le salía escribir nada bueno. Y yo ya lo encasillé entre los que no me gustan.

Algunos me duran un poco más. Reviso, relojeo por arriba, miro, voy, vengo, varias páginas, varios posts al voleo. Si leo algo que no me gustó (no porque vaya contra mi opinión, sino contra mis gustos o maneras): DESCARTADO.

Y después están los que quedan. Los que sigo leyendo y que termino agregando a mi lista de feeds.

Estamos de acuerdo en que éste tipo de prejuicios no es dañino, ni tiene la misma magnitud que los que aplicamos con personas en las relaciones, pero siguen siendo prejuicios.

Es tanta la información que pasa por los ojos de alguien que está conectado a internet y se deja llevar, que con algún método tiene que seleccionar. Y ese método está basado en prejuicios.

Y pienso que lo mismo pasa con las personas, aunque -como digo- a un nivel más grave, o dañino. Es tanta la gente que conocemos a veces por día (en reuniones, trabajos, salidas, grupos de amigos, o mismo en internet, de cientos de maneras), que usamos un método implícito («que no se ve») para «filtrar» en qué gente me conviene invertir tiempo y en qué gente no.

Algunos por ahí tendrán más «abierto» el filtro. Dejaran pasar casi todo tipo de gente, y con el tiempo o las charlas irán viendo si invertir más tiempo o si dejan la relación ahí.

Algunos sabrán exactamente lo que están buscando y no les interesará nada que no entre en ese filtro cerrado.

Algunos dependerán de la situación. A veces cerrado y otras abierto (siempre hablando del filtro… sé que le garqué el chiste desubicado a más de uno).

Pienso que si uno se quiere seguir sorprendiendo con las personas, abrir un poco el panorama, y conocer gente, o maneras de pensar, o en fin (y que valga la redundancia) conocimientos nuevos, no debería cerrar mucho el «filtro de selección».

Pero es una cuestión de cada uno.