Tranqui que no voy a saltar con una novia del secundario ni nada por el estilo, sino de una nueva manera de hacer que las cosas buenas duren más tiempo que encontré sin querer. O tendría que decir una solución bastante infantil para hacer que las cosas que me gustan tarden más en terminar.

Hace ya casi 5 años yo estaba justo en la mitad del secundario con Lucas como compañero (del curso y de «aventuras») y mejor amigo (de esos «de fierro», que le dicen).

Un día no sé bien cómo ni por qué hablabamos de libros y me recomendó el que hoy es mi libro «favorito»: «Tres hombres en un bote (Por no mencionar al perro!)», un diario de viaje en bote que me hizo conocer el humor inglés.

Lo empecé a leer con una velocidad tal que a los 2 días ya estaba por los tres cuartos de libro. Cuando me di cuenta que, mirandolo de costado, eran demasiado pocas las hojas que me quedaban comparadas con las que ya había pasado, me agarró una sensación rara. Por un lado de querer saber cómo terminaba la historia. Y por otro, unas ganas terribles de que no termine.

La decisión que tomé en ese momento fue primero empezar a leer más lento, repasando más cada frase, imaginandome más todo, y etc. Cuando vi que, lento o rápido, el final se me estaba acercando, fue que decidí dejar de leer.

No fue una decisión muy inteligente, lo sé. De hecho avisé que era bastante infantil. Pero me salió hacer eso, para que no se termine nunca y «la magia permanezca».

Con el tiempo extrañaba la historia, los personajes, y demás. Así que tomé la segunda decisión infantil de ésta pequeña historia, que fue volver a arrancar desde cero hasta llegar al mismo lugar en el que había dejado de leer antes. Y ahí volví a dejarlo. Unas tres veces.

Un tiempo más tarde empecé con mi hermana menor a ver The OC, una serie de adolescentes (cada uno con como 25 años en la vida real) con mujeres lindas (chicos lindos para ella) y una buena trama (acorde a la edad).

De alguna manera extraña me enganché MUCHO con la historia (y con el personaje de «Summer»), y justo cuando estaba en la cresta de la ola me enteré que la iban a terminar. Fue como ver de costado el libro de nuevo. En el momento seguí viendo capítulos hasta que llegué al número 10 de la cuarta (y última) temporada. Y ahí dejé de ver.

Hace un tiempo retomé la cuarta temporada desde el principio y ésta vez hasta el capítulo 13 (en total son 16).

Para ésta altura ya había decidido que si algún día iba a terminar con esas dos cosas, tenía que ser en una situación MUY especial para cada una. Dicha situación todavía la estoy esperando. Osea que ni terminé de leer el que es mi libro «estrella» y no terminé de ver la que es mi serie predilecta.

El otro día hablando con Viri, una amiga, me dijo basicamente que no sea goma y que termine de una vez con esas dos cosas, que sino estoy creando asuntos pendientes en mi vida, que me van a terminar llevando al psicólogo (a modo de broma lo dijo, claro está).

La charla me pegó, así que el jueves 24 de enero me vi el capítulo 14 (según la caja del dvd lo emitieron el 08/02/07 originalmente… osea que está en mi computadora hace casi un año, ahora tengo el dvd original y todo… y recién lo vi hace 2 días). Y de nuevo dejé de ver.

Ahora nada más es cuestión de encontrar la situación perfecta para las dos cosas. La más urgente es sin dudas la serie, que el último capítulo lo terminaron en un suspenso de esos suspensos violentos, y ya uno como que no se aguanta la ansiedad.

Así que, para evitar ver los dos últimos en mi casa, sólo, y a las 3 de la mañana (que estaba lejos de ser un momento memorable), agarré y me puse a pensar en ideas para esa situación ideal.

La más limada que pensé para la serie por el momento fue:

El 22 de febrero (un año exacto después de la emisión original del último capítulo, fecha en la que probablemente esté en Bariloche) alquilar un velero/yate que tenga dvd con plasma (me consta que existen y, de hecho, voy a tener uno de esos) y, después de ver el atardecer (si es acompañado por alguien especial mejor todavía), ponerme a ver el capítulo en el mismo velero, con una buena cantidad de golosinas, chocolates, coca-cola y en un ambiente ideal.

Antes de que cualquiera lo diga, SI, lo alquilo para cumplir el sueño de estar ahí con un velero y de paso agarro y veo el último capítulo. El asunto es que no sé si habrá para alquilar uno así de equipado en el Nahuel Huapi. Y no sé cuanto saldrá alquilarlo una tarde, si es que se puede.

Pero bueno, ya que los hice leer hasta acá, apelo a la creatividad de cada uno para ver si se les ocurre alguna situación ideal para poder cerrar «esa etapa de mi vida» (por favor, esas frases no las tomemos con mucha seriedad, porque sino voy a quedar como un idiota importante) que probablemente me haga ir al psicólogo el día de mañana.

Cada uno deje volar su imaginación nomás. Por ahí entre todos logramos sacar algo limado! 😛