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10 curiosidades de la Universidad de Harvard que no vas a poder creer

La Universidad de Harvard es una de las cunas de la excelencia académica, uno de los lugares con mayor fluidez de conocimiento en el mundo, y se erige como el paraíso de muchos estudiantes universitarios. 

Es una de las más prestigiosas del planeta, y quizás también la más cara, rica, influyente, antigua y, por qué no también, la más misteriosa de todas, al menos en Estados Unidos.

Y con tantos grandes personajes de la historia caminando por esos mismos pasillos, es imposible que no se decante un largo listado de misterios, curiosidades y hechos fascinantes. 

Conozcamos algunos ellos:

1) La estatua del pis y las tres mentiras

A pesar de su lema (“Verdad” en latín), el principal monumento de toda la universidad es en realidad una gran farsa de bronce. La estatua de Harvard es la tercera más fotografiada de Estados Unidos (luego de la Estatua de la Libertad y el Monumento a Lincoln), pero también es conocida como “La estatua de la tres mentiras” por fallar a la verdad desde lo básico.

Primera: tiene como fecha de fundación al año 1638, pero la universidad nació en 1636 bajo el nombre de “New College”.
Segunda: John Harvard no fue el verdadero fundador, sino un clérigo que al morir donó dinero y libros. Por ese motivo le terminaron poniendo su nombre a la universidad.
Y la última mentira: la estatua de Harvard ni siquiera muestra su imagen real, pues todos sus retratos se perdieron en un incendio en 1764. Fue un estudiante, Sherman Hoar, el que posó como inspiración para el escultor.

Algunas leyendas dicen que tocar el pie izquierdo de la estatua trae suerte, te ayuda a graduarte o transmite sabiduría, por lo que varios turistas hasta lo besan. Pues bien, tenemos malas noticias: es sabido hasta por los directivos de la universidad, que los estudiantes suelen hacer pis sobre la figura casi todas las semanas.

2) Un Código de Honor y un juramento personal

Luego de un escándalo en 2012 (con 70 alumnos sancionados por hacer trampa en los exámenes), la Universidad de Harvard agregó a sus estatutos un código de honor que cada estudiante tiene que jurar respetar.

No es algo complicado: juran no hacer trampa en sus exámenes, no adjudicarse como propio el trabajo de otros, no falsificar datos, y respetar los valores de la integridad académica.

Este “código de honor” es un documento de dos párrafos que los alumnos juran cumplir de manera personal al comienzo de cada año, al registrarse en las clases, y antes de cada examen.

3) Todas las clases comienzan siete minutos más tarde

El profesor Daniel Lieberman confirma al comienzo de cada año que todas las clases de Harvard comienzan siete minutos después de su horario real. Pero, ¿Por qué una de las universidades más prestigiosas del mundo comienza sus clases religiosamente después de hora? Y lo que es peor: ¿Por qué hay una regla que hace gala de esa “impuntualidad”?

Un profesor calculó que ese es el tiempo máximo que le tomaría a un alumno caminar desde cualquier edificio del campus a cualquier aula. Si terminaron otra clase puntualmente, como máximo en 7 minutos deberían llegar a su clase actual. Así que tomaron nota y votaron para que ese “Harvard Time” sea parte del reglamento y permita a los estudiantes para llegar hasta 7 minutos después de comenzada la cátedra.

Ahora bien: con la creación de un nuevo campus más lejano, hubo una votación que aprobó cambiar el cronograma, dejar más tiempo libre entre clases para que los alumnos puedan llegar de un edificio a otro sin apuros, y eliminar el tan querido “Harvard Time”.

4) Harvard recomienda tomar un año sabático para viajar

Desde hace 4 décadas, la Universidad de Harvard recomienda en su sitio web y en su carta de admisión a sus alumnos, tomarse un año sabático para viajar por el mundo o enfocarse en otras actividades antes de empezar.

Como unos 100 estudiantes por año lo llevan a cabo, crearon la “Harvard Gap Year Society”: un grupo de alumnos y egresados que comparten la experiencia (y sus múltiples beneficios) con los ingresantes que estén en ese plan.

Algunos viajaron, otros dividieron su tiempo entre trabajos y cursos, otra gran cantidad lo dedica a actividades artísticas o exóticas, y algunos más lo estiran a dos años para servir en las fuerzas militares.

5) La biblioteca del Titanic

Harry Widener fue un bibliófilo estudiante de Harvard que viajaba en el Titanic con sus padres al volver de comprar algunos libros para agrandar su colección de más de 3000 volúmenes. La mayoría los envió por encomienda, pero había uno tan especial que decidió llevarlo consigo: una copia de 1598 de “Essays” de Francis Bacon.

La leyenda dice que justo antes de subir a su bote salvavidas, Harry decidió volver a su camarote a buscar el preciado libro, y es en gran parte por eso que no pudo salvarse de la tragedia.

En su honor, la madre donó su colección completa (que tenía la Biblia de Gutenberg y algunos folios de Shakespeare) a la Universidad de Harvard, junto con 2 millones de dólares para que se construya una biblioteca nueva que ayude a conservarlos de la mejor manera.

Hoy la Harry Elkins Widener Memorial Library es la tercera biblioteca más grande de Estados Unidos, con más de 50.000 estantes, 10 pisos (algunos de ellos subterráneos), y más de 3.5 millones de volúmenes, entre libros, manuscritos y periódicos en 450 idiomas.

6) ¡Aprende a buscar extraterrestres desde tu casa!

Entre su amplia oferta académica (y sus más de 125 cursos gratuitos), Harvard tiene un curso online para aprender a buscar vida extraterrestre

El objetivo es mezclar la biología y la astronomía para responder preguntas básicas sobre el funcionamiento del universo e incorporar conocimientos que permitan buscar señales de vida en otros planetas.

El curso gratuito y de 7 semanas se llama “Super-Earths and Life” y se dicta por medio de una plataforma online con el profesor Dimitar Sasselov, un búlgaro que hace 20 años es profesor de astronomía de Harvard, que descubrió varios planetas en órbitas de otras estrellas y que colabora como investigador en misiones de la NASA.

7) Hasta las mentes más privilegiadas tienen su “semana de shopping”

Aunque no se trata de alguna promoción al estilo “Black Friday”, en Harvard existe una semana al comienzo de cada semestre que lleva el nombre de “Shopping Week«.

Antes de decidir formalmente su carga horaria, todos los alumnos puedan visitar las clases que les llaman la atención como si fueran vidrieras de un shopping, para luego elegir y armar su agenda completando solamente las que más les interesan.

En lugar de solo leer una breve descripción en el sitio web, pueden conocer al profesor, su enfoque y objetivos en una clase modelo que pueden abandonar en cualquier momento, sin dar explicaciones ni recibir malas miradas.

El desafío de los profesores es captar la atención de los “shoppers” y al mismo tiempo sentar las bases para el resto del semestre. Para eso, preparan originales posters sobre sus materias que buscan tentar al alumnado. Después de todo, de ellos depende su trabajo para los próximos meses.

8) La red de túneles subterráneos de Harvard

En 1939, un espía alemán perseguido por agentes del FBI, llegó a una de las casas a la orilla del Rio Charles y… “desapareció”. Años después, los agentes supieron que escapó por unas red de túneles subterráneos que viven bajo la Universidad de Harvard. Y que ellos, claramente, desconocían.

Además de túneles más superficiales para transportar comida, hay un tendido de túneles de vapor que tienen 3 metros de diámetro, acceso a varios sotanos de las instalaciones y algunas salidas a la superficie. Una de ellas, del otro lado del Río Charles.

Son 5 kilómetros de túneles conectando los principales edificios de Harvard: la escuela de Negocios, la de Leyes, el Yard y las Casas. Todas ellas unidas a la planta de vapor de la compañía eléctrica de Cambridge. Por allí también corren las conexiones de teléfono, electricidad, ventilación, y algunas salas de control.

Esos largos pasadizos, desconocidos para la mayoría de los estudiantes, tienen temperaturas de hasta unos 50 grados centígrados, y son mantenidos las 24 horas por un equipo de 62 trabajadores.

9) ¡Desnudos y a los gritos antes de la época de exámenes!

Dos veces por año, justo antes de empezar a rendir los exámenes finales, toma vida una de las más bizarras tradiciones de la Universidad de Harvard: el “Primal Scream”.

La idea es que los alumnos y alumnas que así lo elijan, se junten a la medianoche del día anterior al comienzo de los exámenes y den una vuelta completa corriendo alrededor del Harvard Yard. No parece gran cosa a menos que aclaremos lo más importante: deben hacerlo completamente desnudos.

En los momentos previos, la banda de la universidad toca algunas canciones en ropa interior, y los alumnos que deciden no participar (y guardarse algo de dignidad para resto del año) se acumulan en los pasillos para ver las corridas.

En los inicios, los estudiantes solo gritaban durante 10 minutos desde sus ventanas, en una especie de rito para liberar estrés. ¿Qué pasó entre “gritar desde la habitación” y “salir a correr desnudos por el campus”? No lo sabemos, pero tenemos dos posibles respuestas: estrés y hormonas.

10) Galileo Galilei podría haber estudiado en Harvard 

Decir que la Universidad de Harvard fue fundada en 1636, es decir que tiene más de 380 años de historia. O que es 140 años más antigua que Estados Unidos, el país que la alberga. Pero eso también implica varias otras interesantes cuestiones de época.

Por ejemplo: Increase Mather, presidente de Harvard durante 20 años, tuvo su papel heróico alrededor del juicio a “las brujas de Salem” (en 1692). Ocho egresados de Harvard fueron firmantes de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos (de hecho: en una de las librerías se conserva una de las copias originales).

O sin ir más lejos: si lo hubiese querido, Galileo Galilei hubiera podido estudiar en Harvard. La leyenda dice que incluso le ofrecieron un trabajo en aquellos años. Todo esto es posible porque durante los primeros 6 años de funcionamiento de la universidad, fueron contemporáneos (hasta su muerte en 1642).

La universidad fue creada incluso antes de la invención del cálculo y solo 20 años después de la muerte de Shakespeare. Es por eso que en sus casi 400 años de funcionamiento fue protagonista de grandes cambios y avances de la humanidad y, por qué no, también fue una gran fuente de cientos de hechos tan fascinantes como estos.

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