Contrario al pensamiento de la mayoría de nosotros, el hecho de ser ladrón no lo exime a uno de tener que ser caballero y respetuoso cuando es necesario. Y así lo demuestra con creces el compañero Leandro Enrique Laterza.

La carta se la dejó el caco (¿les decimos caco porque es casi «caca»?) a la dueña de un locutorio en Mar del Plata, al que en 5 meses robaron 4 veces.

O sea: le sacó $1000, cigarrillos, el celular, y a cambio le dejó una carta con un expreso pedido de disculpas, con nombre, apellido, firma, todo (suponiendo que esos son todos sus datos reales).

Mi teoría es que la piba (que tiene 22 años y no le debe haber copado mucho el «señora» de la carta) estaba buena. Pero bueno: el laburo es el laburo (!?).

Yo la nota la vi en El Atlántico.