Andres Calamaro y el precio de las entradas

Con «la espuma de las orillas» sonando de fondo me pongo a escribir sobre la crisis mundial y el precio del salmón.

Porque la verdad que no tengo ni la menor idea del precio del pescado, pero el precio de las entradas para ver a Calamaro en el Luna Park se fue, si se me permite la expresión (como si nunca hubiera dicho «sorete» en éste blog), a los caños.

Que algunos artistas internacionales vengan y pongan el precio que se les cante la quinta raya del o…- (nunca entendí eso de «la quinta raya»… o a mi me faltan cuatro o alguien está contando mal) sin importarles mucho el cambio del dólar y todas esas huevadas, no es novedad. Y estamos acostumbrados y los pagamos (a los que pagamos) porque creemos que lo vale.

La novedad es que sea Calamaro el que se meta en la bola de las entradas a tres gambas y media y la preventa hasta el 15 del mes que viene con Tarjeta Toronja.

Porque no, Calamaro nunca fue un tipo de recitales de $10, pero tampoco con precios a éste nivel. Y ojo que no estamos discutiendo si «está en todo su derecho» o no de poner los precios que se le cantan, sino comentando lo caruso (grande Caruso) que se puso el asunto, que de eso también estamos en nuestro derecho.

Lo que por ahí (sin ser ningún iluminado) se me ocurre que se podría haber hecho es hacer más shows (hace sólo dos por el momento) con entradas un poco más accesibles y levantar la misma plata trabajando (vamos, ¡cantando!) sólo algunas horas de más. Porque el derecho a hacerse rico con la música lo tiene, ¡joder!, ¡lo que nos molesta es no poder ir a verlo nomás!.

Y claro, a todo ésto Pato está que trina, que es lo que realmente nos pone mal a todos.