Hoy me tocaba nuevamente ir al dentista.

Personalmente NO es una de las situaciones que encuentro como más placenteras en mi vida, lo sabrán. Entonces desde que me dan el turno hasta el momento en que voy es todo un sufrimiento previo que trato de evitar con distracciones, pensando en otra cosa.

Dentista

Cuando estoy ahí sentado y me clava una anestecia es ya como estar 300 metros bajo el mar y con poco aire. Uno sabe que en segundos va a morir, y que la muerte es inminente, no hay esfuerzo ni excusa que lo vayan a salvar.

Una vez pasado el momento y volviendo a casa la situación se torna rara. Tenés como una mezcla de sentimientos.

Por un lado la alegría de pensar que ya pasó, como cuando pasan esas cosas por las que venías preocupándote hace mucho. Es un sentimiento bueno formado por una especie de liberación de un mal que te tenía atado, y una especie de realización personal por haber ido, enfrentado el dolor y volver "sano y salvo".

Por otro lado sentís como se va yendo la anestesia y va apareciendo el dolor (porque si te pone anestesia es porque era jodido), y te das cuenta que no todo en el camino a casa es color de rosa. Por más que no sea un dolor violento, es una molestia que te hace estar de mal humor un rato largo. Un mal humor que te hace pensar en varias madres (la del semáforo que se puso en rojo, la del auto que te salpicó agua de la zanja, y demás).

Lo bueno es que después de eso uno ya no se preocupa. Salvo que le hayan dado turno para dentro de dos semanas.

Tengo para el 27 a las 12.30 hs.