«No se conviertan en jueces de los demás, y así Dios no los juzgará a ustedes. Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duro con ustedes. El los tratará como ustedes traten a los demás.

¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros, y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú? Es como si te fijaras que en el ojo del otro hay una basurita y no te dieras cuenta de que en tu ojo hay una rama. ¿Cómo te atreves a decirle a otro: «Dejame sacarte la basurita que tienes en el ojo», si tú tienes una rama en el tuyo? ¡Hipócrita! Primero saca la rama que tienes en tu ojo, y así podrás ver bien para sacar la basurita que está en el ojo del otro».

(La Biblia. Mateo 7:1 al 5)

Para mi (que creo en Dios y en lo que dice la Biblia), el único capaz de juzgar y «sentenciar» a las personas por lo que hacen es Dios. Obviamente que no hablo de juicios por delitos, y demás (a lo que voy: no es que me parezcan mal los jueces y demás, es obvio pero siempre hay alguno que prefiere tomarlo para el lado de que el que cree en Dios es un idiota inadaptado social).

No sé cómo verá eso el que no cree en Dios. No sé quién creerá que es capaz de juzgar en su caso (ni sé si para ese hay alguien que tenga autoridad como para juzgar). De paso, me interesaría saberlo, si alguno me quiere decir. Estaría bueno para tenerlo en cuenta.

Pero cuando pasa que una persona que cree y cuenta de Dios hace todo lo contrario a lo que está contando, entiendo a la gente que prefiere irse bien lejos de Dios (nota mental: estoy diciendo muchas veces Dios). Aunque es bueno entender que la persona que cree en Dios no es santa, que tiene errores como cualquier otra, sería bueno también que la persona que cree en Dios apunte a ser santa. Y para eso hay detalles que no tendría que obviar. El ejemplo más claro sería amar a las personas.

Cuesta, y hay personas que lo hacen más complicado todavía. Pero ese debería ser el objetivo. No digo que yo sea un ejemplo a seguir en ese tema, porque me falta demasiado para aunque sea empezar a hablar de ejemplo, pero a eso apunto. Creo en un Dios que me amó más allá de todos mis defectos y errores hasta voluntarios (los pasados, los que tengo ahora y los que voy a tener), y que me dijo que haga lo mismo con los demás.

A lo que voy es que nos ahorraríamos muchos problemas (propios y ajenos) si en lugar de juzgar nos mantuvieramos al margen. Nos ahorraríamos lastimaduras (propias y ajenas), nos ahorraríamos marcas que por ahí queden profundas y por un tiempo largo. Porque a nadie le gusta que hablen mal de uno. Y menos si se hace sin saber. Y menos si la conclusión no es (no digo favorable, digo:) incorrecta.

Hay juicios de opinión que por ahí son «inevitables de hacer», o que no son hechos de una manera que pueda causar daño. Hay juicios de opinión que son hechos sabiendo y participando de la situación. Es valido. Pero no es el caso.

Por ende, tratemos de hacer un mundo mejor también desde el hecho de dejar de hablar de lo que no nos corresponde hablar. Dejar de juzgar a quien no nos corresponde juzgar. ¡Si total no nos cambia la vida (ni para bien ni para mal) si lo hacemos o lo dejamos de hacer!.

Obviamente ésto no sale descolgado de la nada (aunque parezca, por ahí), sino que es algo que me pasó con varias personas en los últimos días y que me dio un poco por las bolas (lo de «un poco» es cordialidad).

Me propuse no responder a esas personas porque estaría haciendo lo mismo. Con las que me crucé, tuve mejor trato del que tengo siempre. Me propuse SER una mejor persona y HACER PENSAR a otros sobre ese tema.

Así que acá está la parte de hacer pensar. Si alguno leyó hasta acá, ya lo hice pensar un tanto… y si encima le sirve para tomarlo y cambiar alguna actitud, yo chocho de la vida.

Los que no llegaron a leer hasta el final es porque son unos soretes que se creen que saben demasiado. 😛

(¿Será necesario aclarar que con la última frase estoy «juzgando» a propósito? No, ¿no?)