Destino final

Hace no mucho veíamos el trailer de Destino Final 4, la cuarta de una serie de películas que tienen como punto central el tema del destino escrito, la muerte que traza un mapa lógico para perseguirnos, y demás.

Navegando por la vida llegué a encontrar dando vueltas por internet distintos casos de la vida real que tranquilamente podrían ser pedacitos de una próxima «Destino Final». No chequeé ninguno, así que no sé hasta qué punto serán o no verdad.

El primero es el más local (yendo a mi amado Bariloche) y el más parecido a la película, pero los demás no dejan de ser, por lo menos, curiosos…

  • 1) No voy en tren, ni voy en avión.

Un industrial argentino tiene que viajar desde Buenos Aires a San Carlos de Bariloche. Antes de viajar, tiene un sueño en donde ve que el avión en el que viaja se estrella (como en la película, bah). Se lo cuenta a su mujer y a su socio, y les dice que no quiere viajar en avión. Ambos le trasmiten la misma impresión de incredulidad, pero le dejan a su elección el modo de desplazarse (este… como en la película).

Finalmente el muchacho decide irse en coche. Cuando está a medio camino escucha por la radio que su avión se ha estrellado. Respira aliviado por su acertada elección, pero el destino no parece compartir su alegría, y fallece en un accidente de tráfico a 12 kilómetros de San Carlos de Bariloche.

  • 2) Que más da, que más da, que más da… que me llamen el bala perdida.

En 1893, Henry Ziegland abandonó a su novia y ella se suicidó. Para vengarse, su hermano lo siguió hasta su casa y le disparó en el jardín, y angustiado por haberlo matado se pegó un tiro. Pero el agredido sobrevivió, ya que la bala sólo le rozó la cara y se incrustó en un árbol.

Sin embargo, acabó con su vida, veinte años después. En 1913, Ziegland decidió dinamitar las raíces de dicho árbol, que todavía tenía el proyectil incrustado, para arrancarlo del jardín. La explosión propulsó la bala, que impacto en su cabeza y le produjo la muerte instantánea.

  • 3) El «Destino Final» de «El Naufrago».

El 15 de diciembre de 1.664 se hundió un barco en el estrecho de Menay, en la costa norte de Gales. 82 pasajeros encontraron la muerte; todos los que componían el pasaje, salvo un hombre llamado Hugh Williams. El 5 de diciembre de 1.785, (121 años después), en otro naufragio perecieron 60 pasajeros; sólo hubo un único superviviente, llamado Hugh Williams.

El 5 de agosto de 1.860, el hundimiento de un tercer barco provocó la muerte de 25 pasajeros. Sólo una persona logró salvar su vida. Su nombre… Hugh Williams. En la historia de la navegación los naufragios en los que una sola persona logra sobrevivir son más bien escasos. En los tres que se ha relatado anteriormente, el superviviente tenía el mismo nombre.

Obviamente, la lógica nos dice que no podía tratarse de la misma persona porque habría tenido más de 250 años. ¿Era Hugh Williams un viajero del tiempo? O, ¿el nombre de Hugh Williams puede atraer la mala suerte sobre aquellos que le rodean?.

O al margen (agrego yo), con una búsqueda en Google se puede notar que Hugh Williams es un nombre BASTANTE común. Pero así y todo no deja de ser una casualidad que llama la atención.

  • 4) Toxi-Taxi

En 1975, en Bermudas, un hombre fue atropellado por un taxi al ir en una bicimoto y murió. El hecho ocurrió exactamente un año después que su hermano muera al ir conduciendo la misma bicimoto, por la misma calle y atropellado por el mismo taxista, que llevaba el mismo pasajero del accidente anterior.