Hago un parate de mi ausencia mendocina para dejar otro post que escribí para la campaña de Lays. Me conseguí una notebook y acá estoy. La estoy pasando barbaro, por si a alguno le interesa. Ma, está todo bien, si. Me baño todos los días, como bien, y todo. Acá el post.

El día domingo es como una hoja en blanco (si, no me digan nada: muy creativo eso de la «hoja en blanco», pero tenganme fe que ahora lo revierto). Los que laburamos (je) o estudiamos de lunes a viernes, o lunes a sábado (y más los del lunes a sábado), tenemos el domingo para nosotros. De alguna manera somos dueños, como diría aquella publicidad.

Como cualquier dueño, podemos hacer con nuestra propiedad lo que queremos. Usando aquel (por demás creativo) ejemplo de la hoja en blanco, lo podemos dibujar, escribir, doblarlo, arrugarlo, hacer un avioncito/barquito, dejarlo aburridamente en blanco y liso, o hasta hacerlo creativamente origami (viste esas cosas raras que hacen los japos), cortarlo en cuadraditos y tirarlo en la cancha, o mismo dejarlo así.

Es un día de iglesia para el que cree, de descanso para el que trabaja, de resaca para el que bebe. Un día de cancha para el que alienta, o de picnic para el que relaja. Un día sanguchito para el workaholic, o de asado y tinto para el «alcoholic».

Se que hay entre el público algún que otro detractor de los domingos. Pero seguramente sea cual sea el argumento que tiene para estar en contra de los domingos, lo creó un domingo, porque en la semana estaba demasiado ocupado para pensar en algo así. Así que alégrese en esa paradoja, ¡compañero!.

Hubo quienes en su momento pidieron un día Osvaldo. Por ahí alguno de nuestras filas (las filas de los domingueros digo) tropezaron hasta creer en ese ideal. Yo creo firmemente que un domingo bien usado vale por dos Osvaldos. Aquella catástrofe que significaría cambiar todos los calendarios del mundo (y tirar todas las agenditas que compramos hasta ahora), no nos sería necesaria. Sólo sería cuestión de cambiarle la onda que le ponemos al Domingo.

Así que, teniendo por premisa que hoy puede ser un gran día, más que como consejo para tomar o dejar, lo digo como pedido, o súplica, compañeros: USEMOS EL DOMINGO… ¡COMO DIOS MANDA!