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Etiqueta: blogs

Una locura que me viene durando 10 años

Un 18 de Marzo de 2006, nacía este pequeño pedacito de internet con letras, videos, fotos y boludeces (más que nada boludeces). Este blog que, así como quien no quiere la cosa, hoy cumple 10 años.

En el medio nos conocimos con un montón de gente espectacular (trillado, sí, pero más de uno que vuelve cada tanto sabe que es verdad y que es de lo que más me gusta que haya salido de este experimento medio loco), algunos se conocieron entre sí (bastante intimamente, hay que decirlo), salí en los diarios, en la tele, trabajé como «persona normal», renuncié y viajé por mi cuenta (mucho), garroneé viajes locos, mucho alcohol, entradas a shows, comí toneladas de sanguchitos en eventos de prensa, empecé a correr carreras de 10k, logramos ayudar a un montón de gente genial de Chaco, Formosa y Buenos Aires (con donaciones de gente del blog y con la plata que entra por publicidad en este espacio todos los meses), hicimos sorteos, me invitaron a hablar adelante de otra gente que aparentemente le interesaba lo que yo tenía para decir (¡afuera del país también! ¡hasta fui a conocer en persona a gente loca de Paraguay!), me di un abrazo fuerte y tomé una cerveza en medio de Europa con gente que nunca había visto antes pero que «nos conocíamos por el blog», me crucé (de la nada y sin arreglarlo) en un estacionamiento del Universal de Orlando, con un tipazo que siempre comentaba en el blog y que nunca me había visto en vivo en toda mi vida pero me reconoció por mi camiseta de Racing, escribí (una de las cosas que más me gusta hacer en la vida) para marcas que admiro desde siempre (como 4 años con Red Bull, mil experiencias con Sony -incluída la presentación de la PS4-, ¡una Copa América y un Mundial con Coca-Cola!) y también en propuestas que eran nuevas y hoy son gigantes (que viva El Meme, por poner un ejemplo), conseguí trabajos inexplicables para mis padres o para los formularios de la AFIP, pero geniales para mi vida, aprendí muchísimo, quise matar a alguno que otro pero lo más copado es que quise abrazar a otros muchísimos más.

Y sí, que no se enoje nadie por todo lo que pasó y dejé afuera (sí, es mucho, pero tengo mala memoria -soy de esos que les preguntás su película favorita y te contesta la última que vio- y muchos problemas para hablar de mi). La idea no era ni siquiera hacer un resumen, pero tiré una cosa, me hizo acordar de otra, me embalé y acá estamos. Con ese proceso de embalarse con boludeces sin un rumbo fijo es que este blog sigue existiendo, así que respeto.

Pero ese párrafo inmenso es nomás una pequeña muestra de todas las cosas increíbles que surgieron por haber mezclado en estos 10 años un poco de curiosidad, un poco de constancia, un poco de motivación, un poco de sueños, y una familia de gente hermosa (y sobre todo loca de la cabeza) que de alguna manera el viento fue acumulando en los comentarios y alrededores de este blog.

A todos ellos (a todos los que por algún mínimo comentario alguna vez o a los que todavía hoy por miles de charlas hasta la madrugada se sientan de esa familia de alguna manera) y a todo el que descubra hoy este espacio también:

Muchas gracias. En serio.

Gracias por leer, por estar, por acompañar, por invitar, por soñar, por llorar, o hasta cagarse de risa un rato conmigo. Gracias porque si este Tango loco que es el blog se tiene (sí o sí) que bailar al menos de a dos, a mi me tocó bailar con la más linda, lejos. Así que gracias de corazón.

Para adelante voy a seguir con mis blogs, voy a seguir escribiendo como me gusta para gente con proyectos geniales (si es tu caso, me escribís, quiero saber de vos) y espero seguir viviendo aventuras y haciendo cosas locas (cuantas más, mejor).

Entre esas, por si a alguien le interesa, estoy con un equipo GENIAL de gente INCREÍBLE haciendo cosas muy divertidas en un proyecto nuevo que cariñosamente llamamos «Liebre» y que se puede seguir por Snapchat (si no me conocés la cara o no sabés todo lo nabo que puedo llegar a ser, esos videos son una excelente oportunidad). Y si decidiste que sos viejo y no te querés bajar Snapchat, podés seguir otros contenidos en Facebook, Twitter o Instagram. No es un «chivo», es una recomendación de corazón, nomás que tengo la suerte de además ser parte del equipo.

Gracias por leer siempre y por seguir leyendo hoy. Gracias por mostrar cariño y sobre todo por apoyar esta locura/proyecto de blog (con comentarios, likes, recomendaciones a amigos, mensajes de buena onda, sugerencias, regalos, o de las miles de maneras que sean).

Y por último y como siempre, no se olviden de mandarle sus saludos de cumpleaños a la mamá de nuestra querida amiga Agos, que inauguró esto de cumplir años el 18 de Marzo y lo lleva mucho mejor que yo (por empezar, se acuerda de su cumple todos los años). 😛

¡ABRAZO GRANDE Y GRACIAS!

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Qué lindas que son las buenas historias…

Terminé de ver la 4ta temporada de House of Cards. Hace media hora. Pasé esos últimos 30 minutos mirando la pantalla en negro. No tanto porque sea el mejor cierre de temporada de la historia (no lo es, aunque me pareció muy bueno), sino porque me dejó otra vez pensando lo mismo: Qué lindas que son las buenas historias

Qué lindo es que te cuenten una buena historia. De la manera que sea, en el formato que venga.

Un buen libro, una película, una serie, una anécdota, una canción, un chiste, una leyenda, un post en un blog, un video de YouTube, una seguidilla de snaps, un videojuego, lo que sea.

Qué lindo es que algo que alguien procesó en su cabeza (haya pasado o se lo haya inventado completamente, y si se lo inventó mejor todavía) traspase toda barrera, de formato, de género, de país, de cultura, de lo que sea, y me tenga a mi, a kilómetros de distancia del creador original (que en algunos casos ni siquiera vivió en la misma época que yo) sentado al borde del sillón, preocupado, tenso, cargado y hasta un poco cagado en las patas, si se me permite la expresión.

Qué lindo que exista en algún lugar del planeta una persona que crea algo, que cuenta algo, que me logra emocionar, me hace festejar, me hace llorar, me hace putear a un pedazo de vidrio que tira colores o a un pedazo de fibra que alguna vez fue un árbol y hoy está físicamente muerto en mis manos.

Qué linda esa capacidad del ser humano de crear, de la nada, algo que pueda hacerme pensar, armar teorías, inventar soluciones, tratar de adelantarme a los hechos, imaginar conspiraciones, hacerme fanático y defender apasionadamente a algún personaje.

Algo que nos logre juntar en Twitter, Facebook, en sobremesas o en charlas de amigos y preguntarnos cómo carajo va a seguir, cómo van a solucionar tal asunto, o hasta que nos salga putear al escritor por no poder creer lo que sacó de la galera en algún momento puntual.

Qué lindos los giros inesperados, las carcajadas sentidas, las lágrimas en silencio, las caras de asombro en la oscuridad del living solitario, los kilos de helado o los litros de mate que nos hemos bajado en momentos de suspenso, de tensión, de terror, o de sufrimiento.

Que alguien te pueda alegrar el día, llenar de nervios hasta el estrés o hasta romperte el corazón con algo que, en el fondo, es un invento. Con un cuento como los que te contaban de chiquito antes de irte a dormir.

Y qué invento más espectacular el ser humano, que (como una mamushka de creaciones) puede sacar de la nada historias que terminen reventándole las emociones y disparándole mil reacciones a otros como él (y a otros que son los más distinto que puede existir a ese que inventa en primer lugar).

Y sí, siempre hay alguno que se pone purista y viene a decir que un libro es mejor que una película, que una serie vista en TV no es lo mismo que un tremendo armatoste de papel de una edición clásica de algo, o que no hay manera de que un videojuego sea considerado arte.

A mi, por decirlo de una manera clásica para que se entienda, me chupa bastante un huevo el envase en el que vienen envueltas. Pero se presenten como se presenten: la puta madre, qué lindas que son las buenas historias

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«El día en que un lector se me murió de muerte natural»

Esa charla, ese video, ese texto, esa idea, no es mía. Se llama «El día en que un lector se me murió de muerte natural» y es de mi amado Hernán Casciari.

Se puede ver arriba (cuando la dio en el Centro Cultural Kirchner, para responder a la pregunta «¿Cómo cambia la interacción entre el lector y el escritor en la era digital?«) o se puede leer completa en su blog «Orsai».

Está acá porque este tipo es, en general, una de esas personas que te da ganas de difundir y que los demás conozcan. De esa gente que no podría entender que a alguien no le guste (no digo que me parezca mal o que no lo respete, me costaría entenderlo nomás, como a las pasas de uva o al helado de pistacho).

Si te gustó, podés ver también su charla TEDx sobre «Cómo matar al intermediario». Y si te gusta eso, también podés leer su blog, comprar sus libros y revistas, escuchar sus charlas o cuentos leídos, seguirlo en Facebook, en Twitter, de todo.

Al margen: El Centro Cultural Kirchner tiene una MUY linda agenda. Vale la pena darle una mirada.

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9 años de Que la pases lindo!

9 años de Que la pases lindo!

Y una vez más, como casi todos los años, se me pasó el cumpleaños del blog.

Para que conste en actas: fue ayer 18 de Marzo de 2015, y es el cumpleaños número 9 de Que la pases lindo! (que, te ahorro la cuenta, nació en 2006 y el último año con 90 posts estuvo más zombie que vivo).

Para completar el papelerío de cumpleaños (?): GRACIAS como siempre a todos los que, con el paso del tiempo y aunque sea esporádicamente, siguen leyendo, entrando, comentando, saludando, compartiendo cosas para publicar, y demás.

Pero antes que nada, y de paso, feliz cumpleaños atrasado también a la madre de Agos.

Volviendo al blog: por estar viviendo nuevas experiencias (laborales y «vitales») que me consumen un tiempo diferente, estoy teniendo menos espacio para escribir como quisiera, y eso se nota. Pero el plan (como siempre) es volver a escribir más seguido.

Quiero volver a escribir, pero también necesito un poco. No porque me esté creyendo Cortázar (¡NO!), sino porque cuando vuelvo a sentarme a escribir siento de nuevo ese alivio de pensar que algo de nuevo está en su lugar, y despierto de nuevo el síndrome de abstinencia por la ausencia de esa droga linda de escribir a diario, de compartir lo que sea que quiera decir sin pensar tanto si a alguien le va a dar ganas de leerlo o no.

Así que el plan es volver a compartir acá algún link que me interese, algún video, alguna reflexión, algún libro que me guste, algún proyecto en el que esté metido y al que el que quiera se pueda sumar, o lo que sea que se me antoje, en el momento en que se me antoje. Siempre recordando que este es un espacio personal, y que no deberías estar leyendo todo esto.

Gracias, de nuevo y como siempre, por estar del otro lado.

Nos leemos. 🙂

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2014: Con todo lo que necesito para escribir en el blog

La casa en la playa

Hace unos días estuve de vacaciones en La Pedrera (Uruguay), desconectado de todo en una cabaña dentro de una reserva natural, rodeado de arboles y naturaleza. Me tiré en la arena a hacer nada, salí a correr, me metí al mar, fui a comer a lugares lindos, me leí casi 2 libros completos, de todo.

Esta reserva con cabañas de madera y cosas lindas, quedaba a unos 200 metros del mar. Eso implicaba que todos los días en el camino a la playa nos crucemos con una casita blanca de película. Toda de madera, con un living «minimalista», hamacas paraguayas, decks, reposeras acolchonadas, y con un ventanal gigante que cubría toda la «pared» que daba al mar. Si alguno vio «The Ghost Writer», con Pierce Brosnan, le digo que era algo así pero en blanco. Era perfecta, y yo me encargué de captar en la foto de arriba su PEOR ángulo. 😛 Pero imaginate que era increíble.

Cada vez que pasaba por ahí, era inevitable imaginarme viviendo en esa casa. Despertarse al amanecer, mirar el mar desayunando algo rico, salir a correr por la playa, leer un rato, pasar un rato en pareja o con amigos, y cada tanto aprovechar la soledad para escribir como loco por horas.

Imposible no pensar en que ahí sí escribiría todo lo que quiero escribir en el blog y que por tiempo o por excusas no llego a escribir. O que ahí sí escribiría finalmente un libro (aunque nunca lo saque a la venta por vergüenza/cagazo). Era mi casa de los sueños como blogger, o hasta como potencial escritor amateur.

Una cosa llevó a la otra y hoy me crucé con esta viñeta que me identificó bastante (y me dejó un poco en offside):

Lo que necesito para escribir

Sumado a eso (y esta parte sólo para el que le interese este blog, el resto disculpe, nos vemos otro día), un comentario de Diana en el post de las «gracias por leer«, me hizo llegar a lo siguiente:

Cantidad de posts en el blog

Esa tabla muestra la cantidad de posteos en este blog en cada mes desde que se empezó a escribir (en Marzo de 2006) hasta hoy mismo. Hay varias conclusiones que saqué al respecto, pero la más dura fue notar que el año pasado fue el peor año completo (en cantidad) desde que empecé el blog. Y que desde 2009 todos los años escribí menos entradas que el año anterior. Así que uno de mis objetivos para este 2014 (al que le di un mes completo de ventaja) es superar la nefasta marca de 2013 y volver a publicar una cantidad decente de entradas.

Decente para el que lee y decente para mi, que también necesito sacar de mi sistema y compartir con alguien en el mundo todas estas cosas sin importancia pero que tanto me gustan. 😛

Así que al que lee y espera algo de este blog, sin culpa pero con ánimo de cambiar las cosas, le pido perdón por el ritmo de 2013. Y prometo mejorar en 2014. Y que la historia me juzgue, señoras y señores (?). 😛

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