Las eras de Taylor Swift

Cuando un artista me cae bien, su obra automáticamente me parece mejor. Y si me parece un idiota, lo que hace me parece una abominación digna de un idiota. No lo puedo evitar. Me encantaría que no sea así.

Hay artistas de los que conocí primero la obra, que me pareció espléndida, y después me di cuenta de que eran boludos. Con esos, tomo inconscientemente una decisión de dos: o encuentro la manera de justificarlos, o creo que no sólo él es un boludo, sino que YO también era un boludo cuando me gustó su obra. ¡Qué mierda estaba pensando!

Y quiero aclarar que cuando digo artista, lo digo en el sentido más liviano de la palabra: para mi un artista es desde un músico, hasta un pintor, un escritor, hasta un tiktoker, o el tipo que escribe las placas de Crónica. Diferentes tipos de arte. Ni mejor ni peor. Algunos me emocionarán más que otros. Pero son arte.

Porque está todo fantástico con la novena sinfonía de Beethoven, y la verdad es que Hamlet te deja con el culo en la mano, pero nada tienen que hacer contra esta poesía…

O contra esta otra historia:

El punto es: durante toda mi vida, solo escuché Foo Fighters o Nirvana de pasada. Pero hace poquito enganché por ahí dando vueltas a “The Storyteller”, el libro de Dave Grohl. Y solo por curiosidad, lo arranqué a leer.

Y lo que tengo para decir es: Por favor, qué tipazo. Lo acabo de terminar, y es un libro que me alegra que se haya escrito. Nos faltaba uno de esos.

Lo que muestra (sin que esa sea la idea central del libro) es el costado humano, simplazo total, de un tipo que se junta a cenar como si nada con Paul McCartney, AC/DC, Elton John, o que te cuenta de aquella vez que tocó un 4 de Julio en la Casa Blanca invitado por Obama.

Y 35 años después de empezar a tocar, se sorprende de esas cosas como si fuera que me están pasando a mi. Como si hubieran salido de la nada. Como si estuviera agradecidísimo de cada cosa que le está pasando. Lejísimos del trapero que se viste de Balenciaga y flashea Hollywood por un par de temas virales en Youtube.

Es un tipo común, con una vida que se volvió increíble. Y que desde la humildad, no la puede creer. Y la cuenta más como un aprendizaje que como algo que cree que nos pueda interesar de por sí.

En el medio me hizo googlear artistas y bandas increíbles; me hizo pensar (¿confirmar?) que nadie tiene ni puta idea de lo que está haciendo: el que está haciendo un cover de los Beatles en los Oscars también piensa “¡¿Quién carajo me mandó?!”; me dio ganas de tener hijos (¡!); de tener el pelo largo (para eso creo que estoy tarde); me hizo pensar que queremos a los demás como nos quisieron a nosotros (rompiendo o reforzando ciclos), y que convencer a los demás de que podemos hacer algo implica, necesariamente, primero convencernos a nosotros mismos.

No es tan cursi como lo hice parecer igual, prometo. Tiene mucho rock, muchas Vans pisando cerveza pegajosa en antros tipo Cemento, mucha parte de atrás de una camionetita rancia llena de instrumentos, todo eso. Pero a mi me dejó pensando en lo que no me esperaba. El tipo me sorprendió. Y ahora, por ende, soy fanático de Foo Fighters.

Aunque también, y para que no parezca ni por un segundo que soy un tipo duro, esta semana también me hice medio swiftie.

Me explico: estoy casado con una swiftie de esas de toda la vida. Por ende, ya venía medio empapado del asunto. Y como tengo este temita de la obsesión, ya me radicalicé con algunas cosas peor que ella: ya me parece un pelotudo irrecuperable Kanye West, ya solo escucho los Taylor’s versions, y ya he dicho más de una vez en voz alta que la idea de las “Eras” es lo más parecido que la industria pop yanqui puede darnos a la carrera de Charly García.

Etapas de la vida transmitidas en letras sentidas, canciones que se hacen discos, historias de caídas, papelones, levantadas, fama, luchas, posturas políticas y simples momentos de alegría con los que nos podemos identificar. Y que cuando te alejás un poquito, al final estaban contando una historia más grande.

De hecho ella, porque es mejor marketinera que Charly, en “el show de las Eras” (otra gran idea), tiene este momento de “exponer” a la Taylor de cada era en el escenario, e interactuar con todas desde el hoy:

Es fantástico. El artista que soy hoy se encuentra, se pelea, se amiga y aprende del artista que fui en cada momento. Y todos son este que están viendo hoy. Como te pasó a vos. Y hasta acá llegamos juntos.

Lo dicho: me gusta la obra cuando va de acuerdo con el artista. Cuando el artista subraya lo que hizo en la obra, lo respalda.

Ya charlaremos entonces qué decisión pienso tomar con el artistazo/viejo rancio y facho de Calamaro. Quedará para la próxima.

Te dejo con esta joyaza, que espero que tenga una mejor versión dando vueltas por Youtube: