Como me pasa con todos los viajes, tengo una estrategia de manejo de ansiedad tan efectiva que llega el día de salir y no tengo ni el bolso, ni el post de salida (dos cosas obligatorias a ésta altura) hechos.

El bolso no fue mayor problema porque gracias a Dios soy de esas personas a las que no les cuesta mucho hacer un bolso (léase: «hombre»). Pero era o el bolso o el post de salida. Y mi sexto sentido me dijo que iba a ser más productivo hacer el bolso.

Así que ahora estoy en un Starbucks en Miraflores (que, para el que lee desde Buenos Aires, es como el Recoleta de Lima, uno de los barrios más «pudientes», digamos), en Perú, escribiendo el post de salida.

Para el que suele leer a «grandes bloggers» es algo común: hoy escriben desde España, mañana desde México, pasado desde Buenos Aires… pero bueno, para mi no, para mi es todo una novedad. 😛

La cosa es que vine con mi hermana mayor (que vino por trabajo) y hasta el Viernes 21 de Noviembre (de paso: el que tiene mi celular evite llamarme, que ¡me come todo el crédito!) y la idea es aprender surf como la gente (hoy me vino a buscar al aeropuerto y me hice amigo del entrenador de Sofía Mulanovichwikipedia – que mañana si el clima ayuda, me va a enseñar), ir a la playa antes del verano (voy a las de por acá, el parador Waikiki que es el más antiguo de latinoamérica), recorrer un poco, de paso ir a una especie de «convención de liderazgo» que me enteré hace poco que se hace éste fin de semana, y ayudar en un campeonato de surf organizado por Christian Surfers llamado (con mucha onda) «Aloha Jesús«.

Momento que la situación acaba de tomar vuelo y llegó a un pico de mucha onda:

Atardecer en un Starbucks de Perú (que tiene un hogar a leña con un vidrio que hace que sea lindo a la vista y que no nos cocine de calor), con la macbook, el buzo de arquero azul adidas de Racing del 99, un «Panino Vesubio» (es un sanguchito copado), un Jugo de Naranja, y de fondo sonando éste tema…

http://www.youtube.com/watch?v=0OMLoAtC9RY

Creo que agregarle palabras a esa imagen sería escupir una tira de asado recién sacada de la parrilla. Así que lo dejo ahí, actualizando de mi situación al que le interese, y cerrando con una frase que escuché en alguna publicidad y que mi amigo imaginario (ah, sí, hoy me creé un amigo imaginario, es una larga historia) me dijo muy oportunamente cuando llegué al Aeropuerto de Lima:

«Bienvenido a la vida que querés.»