«27 Dresses» («27 vestidos») es el nombre de la comedia romántica que me sometí a ver casi contra mi voluntad ví hace un rato. No del todo por propia voluntad, como digo (aunque me gustan ciertas comedias románticas), sino más bien a pedido de la platea femenina («Sil», si alguno se acuerda).

Antes que nada, acá hay un trailer (en inglés, sin subtítulos), como para saber que no estamos hablando justamente de la última ganadora de algún premio del festival de Cannes, sino de una comedia romántica comunacha de Hollywood.

La actriz de la película, Katherine Heigl, me gusta. La vengo viendo últimamente varias veces… en «Knocked up», y en alguna otra película por el estilo, y en «Grey’s Anatomy», que aunque no la sigo, cada tanto pispeo un capítulo. El tema es que la tipa me gusta.

Por el resto de la película, veamos lo siguiente…

Protagonistas: los protagonistas masculinos algunos suelen tener un guiño o al menos intentar caerle bien al espectador hombre… como una especie de premio por acompañar a la novia/amiga/prima/acompañante a ver la película. Un ejemplo: Hugh Grant en Music and Lyrics. Pero bueno, ese no es el caso de ninguno de los dos protagonistas de 27 Dresses. Entre los dos tienen menos gracia que la programación de Canal 7 de Argentina.

En cuanto a las mujeres, Judy Greer (yo la tenía como la hermana del flaco de Elizabethtown, pero es conocida) le pone su onda. No mucho, pero lo suyo. Y Malin Akerman (que la tengo de algún capítulo de «Entourage» y de «La mujer de mis pesadillas») me gusta. Hace su papel de linda de película hollywoodense.

La idea de la película:

Jane (Katherine Heigl) es siempre dama de honor en los casamientos de todas las amigas y conocidas. Es algo así como amante de las «bodas», por lo tanto no es que sólo «cumple», sino que se pone 100% con el asunto y hace lo que sea por la novia. Por TODAS las novias.

A ella le gusta su jefe desde hace mil años (es su mano derecha, su «secretaria full-time») y su hermana Tess (Malin Akerman, rubia fachera), llega y se lo roba, un poco careteandola. Ahora ella tiene que ver prepara el casamiento de la hermana con su jefe o no. Y en el medio para agregar dudas aparece un escritor de la sección «Compromisos» del New York Journal (¿en serio existen esas secciones en los diarios?) tirandole onda cada dos por tres…

Y te cuento hasta ahí para no quemarte nada…

Hablando de secretarias full-time, éstas películas (ésta o «El diablo viste a la moda») me hacen pensar qué bueno estaría tener una persona así. Una de esas cosas «no materiales» de «vida de película» que uno quiere tener. Aunque al mismo tiempo me da una sensación de hacerlo al otro esclavo, cosa que no me gusta ni un poco… pero ¡la piba lo hacía con gusto encima!.

Su trabajo era básicamente preocuparse por TODA la vida del jefe (nota: el jefe es buena onda). Desde mantenerle la agenda o preocuparse por regalarle cosas en fechas especiales a conocidos, hasta comprarle un pancho antes de que lo pida por si tiene hambre, o fijarse de que no necesite nada.

Pero lo más importante de la sensación que me quedó de la película fue que a los 10 minutos de película tiré al aire la historia y cómo iba a pasar, y terminó pasando tal cual dije.

Yo sé que es un cliché decir que las comedias románticas son siempre lo mismo (y no entiendo por qué la gente lo sigue diciendo si ya es tan sabido), pero ésta es por demás predecible («predecibilisima» diría si estuviera seguro de que existe la palabra).

Pero bueno… al que le pueda interesar (o tenga una novia/hermana/amiga/compañera de películas que le rompa por verla), ya sabe más o menos a que se enfrenta…

Y si alguno me quiere recomendar una película como para no tener que andar viendo éstas cosas, ¡ahí tiene el espacio para hacerlo! 😛