Saco la chapa de “blog personal” de Q! para contar un par de cosas. Principalmente eso explica la ausencia de posts entre ayer y hoy acá:
Ayer, “Domingo de Pascua”, me desperté a las 8 de la mañana y salí para Rosario a ver a Racing. Guiados por la simpática gallega del GPS, y yendo por la “vía rápida”, llegamos a Rosario en cuestión de 2 horas y media (osea a las 12.30, porque me desperté a las 8 pero salimos a las 10).
Contra todos los pronósticos, Racing ganó 1 a 0 y se escapa un poco de la promoción (para las mujeres: siempre una “promoción” es algo bueno… en el fútbol significa la ascensión de los testículos hacía la zona de las amígdalas por un tiempo no menor a 15 días). La dicha fue mucha por el triunfo, y la ducha fue de escupitajos de los estimados hinchas rosarinos que ésta vez estaban en la bandeja que está arriba de la tribuna visitante.
De Rosario (que ya había ido un par de veces) me intrigó que la moza de la parrilla a la que fuimos (que no me acuerdo el nombre, pero queda al lado de una que se llamaba “Carlitos”, como los restaurantes de Buenos Aires pero con un pescado en vez de un viejito en el logo) era de las mozas más simpáticas que me tocaron en mi vida. Y a pesar del aspecto de “moza de parrilla bajón” que no la favorecía para nada, era bastante bonita (siempre en el marco de una parrilla bajón).
Me intrigó también el hecho de que hasta la policía te trata lo peor que puede por ser porteño (sí, en algún punto y por algunos ejemplares nos lo tendremos “merecido” de alguna manera, pero no dejó de intrigarme), o que puede haber un flaco en la platea puteando durante 40 minutos, no al hincha de Racing sino al porteño en sí, y sin repetir ni una vez un insulto. Lo que claramente denota pasión y creatividad en la labor.
Del marco del partido me intrigó que (prometo que sacando la opinión de hincha del medio) en la hinchada de Central había mucha gente (era Domingo de Pascuas, por eso intrigó un poco más) pero no cantaron casi nada. Que estaba Fito Paez, y en la cancha jamás me enteré… De hecho, tampoco me enteré del gol de Racing hasta que no escuché el grito generalizado.
Ayer a la noche tipo 11 llegué a casa sin voz, con el cuerpo dolorido (más por la tensión de los últimos 15 minutos que por la actividad, me parece), y con mucho sueño. Así que nos volveremos a leer cuando el cerebro vuelva a las revoluciones comunes.
Que espero que sea hoy.