Los amigos esperan

Budweiser: Los amigos esperan

Lo más complicado de no escribir por un tiempo en el blog es no saber qué responderle al que “reclama” que volvamos a escribir (con comillas porque son reclamos buena onda). Lo segundo más complicado es querer hacer un post que más o menos esté a la altura del tiempo que no se estuvo escribiendo. No volver con una huevadita que me encontré por ahí. Y eso hace que lo siga posponiendo hasta “encontrar un buen rato para hacer algo digno”.

Pues bien, cuando estaba yo en plena resignación frente a esas dos luchas, me encontré un videíto que calza bastante bien. No es nada más que recordar justamente que los amigos esperan. Así que, con un post cortito de vuelta, y agradeciendo a los amigos por el hecho de seguir esperando: Bienvenidos de nuevo y perdón por la demora. :)

Friends are waiting” es una nueva publicidad que hizo Budweiser para el “Global Be(er) Responsible Day” (algo así como el Día Internacional del Consumo Responsable). Se trata ni más ni menos que de un nuevo “Si tomaste, no manejes“, pero con una vuelta que me pareció simpática.

Tiene a la relación hombre-perro como pequeña gran protagonista, así que si tenés algún asuntito sin resolver con ese tema (se te murió alguna mascota hace poco, o lo que sea), por ahí lo recomendable sea no verla, o verla con algún que otro pañuelito cerca.

En 9GAG hay una versión acortada que te saca justamente la mejor parte, así que para aquellos que (como yo) vimos primero esa, vean ahora el video completo que… ¡termina bien! :P

Si no es con pasión, no lo hagas

Si no es con pasión, no lo hagas

GRAN publicidad del whisky Dewar’s. Lo que se lee de fondo es una adaptación del texto “¿Así que quieres ser escritor?” de Charles Bukowski. Es una joya, y no sólo tiene que ver con ser escritor. Tiene que ver con todo lo que hacemos en la vida. Sirve para volver a analizar internamente todo lo que hacemos. Sin prestarle atención al juicio ni la opinión de nadie más que la propia. Volvé a mirar tu vida hoy según tu opinión, tus ganas, tu cansancio, tu inspiración. Volvé a mirar lo que hacés. Y si no es con pasión, no lo hagas. Si no te quema adentro, seguí buscando:

La adaptación del texto (sin algunas partes que son especialmente dichas para el escritor) es la siguiente:

Si no te sale ardiendo de lo más profundo de ti, a pesar de todo, no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón, de tu mente, de tu boca, y de tus entrañas, no lo hagas.

Si lo haces por dinero o por fama, no lo hagas. Si lo haces para llevarte mujeres a la cama, no lo hagas.

Si te cansa sólo pensar en hacerlo, no lo hagas. Si estás intentando escribir como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, espera pacientemente. Pero si nunca llega a rugir, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa, ó a tu novia ó a tu novio, ó a tus padres ó a cualquiera, no estás preparado.

No seas pesado, aburrido y pretencioso, no te consumas en el amor propio. No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma como un cohete, no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento, y si has sido elegido, sucederá por sí solo y seguirá sucediendo hasta que mueras… ó hasta que muera en ti.

No hay otro camino.

Y nunca lo hubo.

Actualización

Axel me pasa una versión diferente, anterior, y por ahí hasta mejor. Está en inglés:

Clark Little: La vida de un “Fotógrafo de Olas”

Clark Little: El fotógrafo de las olas

El protagonista del video de abajo es Clark Little. Su particularidad: Se gana la vida fotografiando rompientes de olas, desde adentro del agua. De hecho, según ESPN es “uno de los fotógrafos acuáticos más respetados del mundo“. Y lo avalan varios medios especializados en fotografía, deportes extremos, y naturaleza de todo el mundo.

El hombre nació en California y tiene 46 años. Un día en 2007 la esposa buscaba una foto de una ola para decorar su habitación. El le dijo “No compres ninguna, dejá que yo la saco”. Compró una cámara, una carcasa a prueba de agua, se metió en el mismo mar en el que tantas veces surfeó, y se puso a sacar fotos.

Sin saberlo, estaba empezando una carrera que en sólo 7 años ya tuvo decenas de premios en todo el mundo, y exhibiciones en USA, Brasil, Japón, y Canadá (actualmente tiene una exhibición fija en Hawaii). Además, ganó reconocimiento internacional y salió en casi todos los programas más importantes de noticias de Estados Unidos.

Sus trabajos se publicaron en museos, hoteles de las cadenas Four Seasons o Ritz-Carlton, y medios como la National Geographic, el New York Times, LIFE, Nikon World, entre otros. Además, hizo trabajos especiales para marcas como Apple (¡los fondos de pantalla e imágenes que aparecen en la MacBook Pro Retina!), Nike, Toyota, Nikon, Hewlett-Packard, Verizon, y varias más. Tiene más de 30 tapas de grandes revistas internacionales en su haber, y varios de sus trabajos pululan a diario por portales, blogs, y tumblrs.

El hombre, además, tiene su propio libro de tapa dura, “Shorebreak”, con 160 páginas y más de 100 fotos de distintas playas del mundo, cada una con su historia. Edición “Estandar” y edición “Coleccionista”, con fotos impresas aparte, firmadas, y demás chiches.

Clark Little: fotos de olas

En el video de arriba, él mismo cuenta un poco su historia, cómo empezó en esto, cuál es su forma de pensar y de trabajar, y en dónde tomó sus mejores fotografía. Y por si te quedaste con ganas de más, podés seguirlo en su cuenta de Instagram: Clark Little. También, en su sitio web podés ver las galerías de imágenes (aunque no están en buena definición, una googleada de su nombre va a tener mejor efecto) y comprar fundas para tu iPhone o Galaxy S3, libros, tazas, remeras, postales, y ediciones impresas de sus fotos.

¿Y al final qué pasó con la foto de la esposa? Calculo que en la habitación de su casa tiene una. Pero sino, puede ir a cualquiera de los hoteles Ritz-Carlton y sacarse una foto como esta, con el trabajo del esposo: :P

Clark Little en el Ritz-Carlton

40 formas de mantenerse creativo

40 formas de mantenerse creativo

Soy un poco fan de este tipo de listas. No porque tengan la verdad definitiva de las cosas (porque de hecho no la tienen), sino porque leerlas despierta ideas (viejas que dormían o nuevas que aparecen), motiva, y nos pone un poco en movimiento. Como para arrancar algo.

En este caso son 40 formas de mantenerse creativos. Aunque tiene alguna de sus fuentes en la imagen, yo me la encontré en Tumblr y la verdad es que me olvidé en el de quién fue. A quien sea: GRACIAS. :)

  1. Crea un tablero inspiracional.
  2. ¡Sal más!
  3. Haz más bocetos.
  4. ¡Experimenta!
  5. Socializa.
  6. Visita a tus amigos.
  7. Aprende nuevas habilidades.
  8. Lee libros.
  9. Utiliza notas.
  10. Rompe tu rutina.
  11. Júntate con personas creativas.
  12. Espía a la competencia.
  13. Visita exposiciones.
  14. Colabora con otros.
  15. Viaja.
  16. Consigue un hobby.
  17. ¡Ponte un reto!
  18. Haz listas.
  19. Medita.
  20. Acepta retroalimentación.
  21. Escucha música.
  22. Ve películas.
  23. ¡Toma riesgos!
  24. Escribe tus ideas.
  25. Organiza tu espacio de trabajo.
  26. ¡Ama lo que haces!
  27. Termina tus proyectos.
  28. Visita museos y galerías.
  29. Sueña despierto.
  30. Ten sexo.
  31. Toma siestas.
  32. Mira discursos motivacionales.
  33. Ve al teatro.
  34. Practica.
  35. Prueba nuevos alimentos.
  36. Deja de compararte con otros.
  37. Cuestiona las cosas.
  38. Apaga todos tus distractores.
  39. Supera tus miedos.
  40. Sé curioso.

Hay varias ideas más para mantenerse creativo o “alimentar” esa creatividad (de hecho, varias de esas las vimos en este blog, y están guardadas en la categoría “Creatividad“). ¡Si se te ocurren algunas más, son bienvenidas! Avisame por acá, Twitter, Facebook, donde quieras. :)

Brasil 2014: Un sueño cumplido

Argentina Final en el Maracaná

Con Brasil 2014 se nos acaba de ir el mejor Mundial de la historia. Ese que le voy a contar y re-contar a mis hijos por años. Y por eso mismo lo quería vivir en primera persona como sea. El Mundial estaba acá nomás, y Messi estaba en la cancha, con nuestra camiseta. No me iba a perdonar nunca en la vida no haber ido. Así que aproveché esos segundos de inconsciencia que se necesitan para decidir una locura y terminé yendo.

No cuento esto porque crea que le importa a alguien, ni porque tenga que ver con la temática del blog. Todavía no sé ni qué voy a decir, pero necesito decir algo. Necesito largarlo.

Yo soy de esos que, incluso después de haber hecho un duelo por no viajar a verlo, desde el primer reconocimiento de campo que Messi hizo en el Maracaná (el día anterior al primer partido de Argentina), ya nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado fuerte al no ir a Brasil. Y que no era una huevada. Era un error grande, una atrocidad. Una de esas marcas que nos iban a quedar para siempre. Pocas en toda la vida, pero profundas. Eso que ibas a pensar cuando alguien te pregunte “¿Te arrepentís de algo en toda tu vida?”.

Sabía que, si a mi hijo lo crié bien, él me iba a preguntar por qué no fui a Brasil, teniendo el Mundial tan cerca. Y ya estaba practicando las respuestas: “¡No sabés hijo lo que salía un pasaje a Río por esa época! ¡$52.000 sólo ida por volver el Lunes después de la Final!”, “¡2000 dólares una entrada para la semifinal!”, “¡Hasta 10.000 dólares una entrada para la Final, hijo! ¡Eran 120.000 pesos! ¡Me pagaba todo lo que me faltaba pagar del auto, las tarjetas, viajes, todo con una sóla entrada!”, “Justo en esa época se me había dado por trabajar en una oficina, con un puesto serio y jefe, ¿cómo hacía para pedirle de la nada los días para viajar? ¡Era una locura!”.

Y yo sabía que si realmente lo crié bien, el pibe no iba a poder aceptar ningún tipo de respuesta que no sea 1) “No, hijo, para esa época yo no había nacido”, 2) “Para esa época yo ya estaba muerto”, o 3) “No, hijo, pasa que nací en Zimbabue”. Si yo estaba vivo, era argentino, y había un Mundial en Brasil, tenía que ir. Y sino, que Dios, la patria, mis amigos, y sobre todo mi hijo, esa pequeña versión de mi mismo, me lo demanden para siempre.

Así que después de intentar de todas maneras ir desde el principio, y a sabiendas de que no me daba la plata para llegar desde el primer partido y mantenerme vivo y comiendo hasta la final (porque sabía que ibamos a estar en la Final, aunque me falló el pronóstico de ese resultado), decidí por lo menos ir una vez que las cosas estén avanzadas.

Y un Domingo cualquiera, con ese pequeño grupo de amigos con el que al final de cada partido nos lamentábamos por no haber estado ahí (con frases que incluían crisis existenciales y seguro a un montón de gente le parecerían una bestialidad exagerada), decidimos viajar como sea. Después de charlarlo y darle mil vueltas, uno vio una oferta en vuelos, prendió la alarma, y a los 15 minutos estábamos todos 12 cuotas más pobres que antes.

Llegamos a tiempo para ver a Argentina en la Semifinal del Mundo por primera vez en nuestras vidas. Y la vimos ganar, ahí en Brasil, pegaditos a parte de la barra del Corinthians. Sufrimos bajo la lluvia de San Pablo ver que a Messi no le estaban saliendo las cosas, pero festejamos a los gritos afónicos (y corriendo para que no nos maten a trompadas) que Argentina estaba de nuevo en el partido más decisivo del fútbol. Y ahí festejábamos también que, por esas cosas de la vida, uno de nosotros tenía entrada para la Final. Y ese mismo sería yo.

Argentina vs Alemania en el Maracaná

“Las cosas de la vida” esta vez tenían cara de Nabot, un israelí que conoció mi viejo en un partido anterior y que tenía que volver a su tierra porque todo el quilombo en Oriente Medio sumaba un nuevo capítulo de misiles y bombas. Nunca entendimos bien qué iba a hacer él ahí, pero quería vender sus 2 entradas y “sólo” nos pedía 3 veces lo que las pagó. Era lo único que necesitabamos entender. Eso sí: había que jugarse y comprarlas antes de que Argentina juegue contra Holanda. Y lo hicimos.

Romero atajó los penales, Argentina ganó el partido, y 3 días después de comprarlas, nos estaban ofreciendo 5 veces más de lo que las pagamos. 10.000 dólares cada entrada. Ahora, en mano. Ni yo, que le había “alquilado” dólares a toda mi familia para poder viajar, me replanteé un segundo la idea: 10.000 dólares alguna vez los voy a volver a ganar. Y si no los gano, tanto no me van a importar. Una nueva final, en Brasil, con Messi en cancha y con nuestra camiseta, no se repite nunca más. Y no se negocia por nada.

Terminé viviendo una Final del Mundo en el Maracaná, entre Argentina y Alemania, sentado al lado de mi viejo, como viví tantos partidos de Racing desde que soy chiquito. Él habiendo visto los mundiales de Maradona y yo viendo a la selección por primera vez en una Final, abrazado a la esperanza del único jugador que me dio ganas de estamparle su número y nombre a mi camiseta de Argentina desde el Diego para acá.

Maracaná

En el medio hubo banderazos, hinchas argentinos con las anécdotas más increíbles, carpas, garrafas, sambódromos, y “¡¡Brasil, decime qué se siente…!!“. Nos encontramos un iPhone, subimos al Cristo (y le pedí más de cerca que no se olvide del tema Racing), amanecimos a las 4 AM 1 semana entera para entrar a la página de la FIFA por si había entradas, preguntamos a TODOS los contactos cercanos si vendían una, vimos trompadas, puteadas, garotas entregadísimas, brasileros vestidos de holandeses y disfrazados de alemanes, vimos policías gastándonos a la salida del Maracaná, ratoneamos alojamiento, buscamos “disconto” en todo lo que pudimos, nos colamos en alguna que otra situación, y vivimos el infierno de seguir dos días más en Río después de haber perdido una Final del Mundo.

Sueño cumplidoCon lo bueno y lo malo, y teniendo en cuenta todo lo que nos costó (y lo que nos va a seguir costando hasta Julio de 2015), fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida. Una de las pequeñas locuras más lindas que viví desde que estoy acá en el planeta. Fue seguir un sueño, sin saber cómo iba a terminar, incluso sabiendo que, sí, una de las chances era que el resultado no sea el que queríamos. Pero lo vivimos, lo disfrutamos, lo sufrimos, y lo experimentamos en primera persona.

Se podía perder, era una chance. Se podía sufrir, se podía llorar, te podían gastar tanto que hasta vos (que de chiquito nunca mataste ni una abeja por las dudas de que “llame a las amigas”) te quieras reventar a golpes con todo el que se cruce por delante. Podía ser una goleada de 7 goles o uno sólo, de pedo, faltando 5 o 6 minutos para los penales. Se podía jugar bien o decepcionar. Se podía volver con camisetas de todos los países, como hicieron los garotos, o se podía volver con una única camiseta, orgulloso de tenerla puesta y de compartirla con el mejor jugador del mundo, una vez más. Y tocó perder por ahí sin merecerlo, como tocan un montón de cosas.

Pero a todo ser humano que disfrute el fútbol como deporte y como locura social: Alguna vez en tu vida tenés que ir a ver un Mundial de Fútbol. Sí, es caro. Sí, en algunos casos puede ser una locura. Sí, te sale más barato un viaje de 2 meses a Europa. Pero alguna vez en tu vida, si tenés una oportunidad aunque sea remota, tenés que viajar a un Mundial de Fútbol. Haceme caso. A la vuelta contame si no valió la pena.

Ya volviendo a nuestro viaje, una vez sufrido y llorado todo, lo importante es que volvimos a disfrutar esas cosas increíbles que tiene el fútbol: Este fue el Mundial que más disfruté y el que más sufrí de toda mi vida. Y pagaría lo que sea por vivirlo todo de nuevo.

Brasil 2014 fue, de principio a fin, un nuevo sueño cumplido. :)

Un sueño cumplido

Un casamiento sorpresa en un avión (a 10.000 km de altura)

Casamiento sorpresa en un avión

Thomas Cook es el nombre del primero que creó un viaje para un grupo de gente organizado, en 1841. En su honor se creó la que fue considerada la primer agencia de viajes del mundo, y más tarde una línea aérea con ese mismo nombre: Thomas Cook Airlines.

Esa línea aérea se sumó a la ola de empresas que para promocionarse eligen no sólo una publicidad en sí misma, sino una experiencia que además sirva como plataforma publicitaria. En este caso la idea fue un casamiento sorpresa en un avión. Y sí, en pleno vuelo y a 10.000 km de altura.

Para eso, en el día de los enamorados preguntaron en Facebook si te casarías en un avión en caso de poder hacerlo. Uno de los que contestó “¡Inmediatamente!” fue Alexander. Así que ahí mismo lo contactaron y empezaron a producir su casamiento sorpresa con la complicidad de familiares y amigos. Después de un plan implementado siguiendo cada detalle, se da el encuentro, que se puede ver en estos 5 emocionantes minutos de video:

Decoración, familiares, una banda en vivo, el traje del novio, el vestido de la novia, la emoción, las lágrimas, el cura/pastor que los casa. Un casamiento real, instantáneo, sorpresa, y casi improvisado para ella. La ceremonia terminó en tierra y con fuegos artificiales (que por los nervios ellos casi no recuerdan). En Twitter se pudo (puede) seguir lo que pasó con el hashtag #FlightYes2014.

Casamiento sorpresa en un avión (a 10000 km de altura)

Además, se puede ver otro video con el “detrás de escena” de los preparativos (comentado por los mismos novios), y uno con el después del casamiento, con luna de miel en la isla griega de Rodas incluída: